El ejercicio para bebes es imprescindible para crecer sano. ¡Y además es divertido! En los primeros años les conviene probar, a su ritmo, todas las modalidades que sean posibles.
El ejercicio para bebes, practicado con sentido común, es una fuente de salud desde que nacemos.
Permite a los chicos tomar conciencia de su cuerpo, desarrollar sus músculos y su capacidad psicomotora, y aprender a coordinar sus movimientos. También es la mejor manera de evitar la obesidad, enfermedad que, en los últimos años, se ha difundido notablemente.
Y tan importantes como sus efectos sobre el desarrollo físico e intelectual son sus beneficios para la vida emocional y social del chico. Cuando son bebés, la ayuda de mamá y papá en sus primeros ejercicios refuerza los vínculos que los unen. Al crecer, el deporte potencia su autoestima ya que, cuando lo practican, superan metas y vencen sus miedos.
Además, aprenden a tener responsabilidades (desde evitar que les metan un gol hasta colaborar para juntar las pelotas al final de k clase), a seguir normas y a establecer rutinas saludables que les vendrán muy bien cuando crezcan. Al despertarle el «gustito» del ejercicio en el cuerpo, les estamos mostrando una forma maravillosa de disfrutar de su tiempo libre,
canalizar su agresividad y liberar adrenalina.
Por si esto fuera poco, el ejercicio para bebes en grupo hace a los chicos menos individualistas y potencia sentimientos y valores de compañerismo, por lo que les enseña a relacionarse con los demás, a ganar y a perder. Guando se practica al aire libre, fomenta también el respeto por el entorno y la naturaleza. Así que no hay excusa: podemos estimular a nuestro hijo para que haga ejercicio y disfrute con él prácticamente desde su nacimiento.
Durante el primer año, su cuerpo es su juguete favorito: necesita aprender a dominarlo para desarrollar su inteligencia. Ejercicio para bebes de O a 3 años
El bebé, cuando nace, no distingue su propio cuerpo del mundo exterior. A medida que crece, va descubriéndose hasta diferenciarse de los objetos y de otra gente, a través de las sensaciones, de su propia actividad y de las relaciones con todos aquellos que lo rodean (y, sobre todo, con mamá y con papá).
Durante el primer año, el pequeño experimenta con su entorno y comienza a desarrollar el sentido del movimiento y del equilibrio. Su juguete favorito es su propio cuerpo: necesita aprender a dominarlo y a coordinar sus sentidos para desarrollar su inteligencia. En esta primera etapa, es importante la estimulación sensorial (visual, táctil, gustativa, auditiva y olfativa) del pequeño para potenciar su desarrollo psicomotor.
Hacia los dos meses, el bebé comienza a fijar su atención en lo que ocurre a su alrededor. A partir de entonces, podemos proporcionarle juguetes que estimulen su curiosidad. |