El movimiento de partos en casa surgió porque el sistema tradicional de cuidados matemos no supo reconocer una auténtica necesidad de los consumidores. Cada vez más parejas objetan la actitud de considerar el parto como una enfermedad que requiere tratamiento quirúrgico y, en consecuencia, deciden dar a luz en su hogar. Tanto la Academia Norteamericana de Obstetricia y Ginecología como la Academia Norteamericana de Pediatría desaconsejan los partos en casa.
La persona que corre el mayor riesgo —el bebé— no tiene voz ni voto en esa decisión. Se comprende a las parejas que desean tener partos en casa, y es una hermosa experiencia humana para los padres y para los bebés.
Sin embargo, es fundamental que se realice una selección adecuada de las madres que pueden hacerlo y que haya una atención adecuada en el parto. La madre no debe presentar ningún factor de riesgo que requiera atención médica; en cuanto al bebé, no se deben prever posibles infecciones o un nacimiento prematuro. |