Aunque amigos y parientes bienintencionados suelen recomendarte que dejes que el llanto del recien nacido siga hasta que se canse, casi todas las madres que he entrevistado me han respondido: "Sencillamente, no puedo" o "No me parece que esté bien".
La razón por la que las madres no pueden hacerlo y no les parece que esté bien es porque no está bien.
Cuando dejas que tu bebé llore, ambos miembros de la red de comunicación pierden.
El llanto del recien nacido es una señal de que necesita atención. Además, desencadena en la madre el fuerte impulso de levantarlo y consolarlo.
Aconsejarle a una madre que deje el llanto del recien nacido hasta el cansancio no sólo va contra todas las leyes del sentido común, sino que también va contra la biología de la madre. Por otro lado, al responder con rapidez al llanto del bebé se logran dos cosas.
Primero, disminuye la necesidad del llanto del recien nacido, lo cual le permite desarrollar una sensación de confianza en su entorno. Esta confianza hace que disminuya la irritabilidad general del bebé; también le enseña a "llorar mejor".
Si a un bebé que llora no se lo atiende, aprende a llorar más fuerte y desarrolla un patrón de llanto más molesto: el tipo de sonido que hace que los padres se trepen por las paredes.
Los bebés que reciben una pronta respuesta al llanto del recien nacido desarrollan un patrón de llanto menos molesto y que promueve en quien lo oye el deseo sensible de consolar.
La pronta respuesta al llanto del recien nacido y a los cambios corporales que lo preceden también aumentan tu sensibilidad ante las señales que él emite, de modo que, gradualmente, aprendes a anticiparte al llanto en lugar de sólo responder a él. De esta forma, también vas a lograr que disminuya el llanto.
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