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Límites a los hijos

 

Sin duda alguna, es el aspecto de la educación que más dificultades les trae a los padres. ¿Por qué tienen tanto miedo de decir "no"? Quizás necesiten conocer las características de cada etapa de las vidas de sus hijos para saber actuar. Aquí, algunos consejos útiles de cómo poner límites a los hijos.

Siempre se ha destacado la importancia del afecto en la crianza para lograr un desarrollo psicológico adecuado de los chicos. Pero esto debe ir acompañado de la posibilidad de poner límites. Limitar significa ordenar, marcar espacios y tiempos, diferenciar el mundo infantil del adulto, poner fronteras. Esta actividad, realizada por los padres, permite al hijo alcanzar la organización temporo espacial, así como sujeto en el mundo familiar y extra familiar, encontrar su lugar de niño y poder adecuar su conducta. La falta de límites genera desorden, desorganización y caos a nivel mental.

Límites a los hijos Según la edad

Primer año de vida

La crianza en este período se centraliza en el cuidado corporal y el sostén afectivo del bebé. Es importante que los padres mantengan una rutina adecuada, que el chiquito tenga su propio espacio, separado del de los adultos, sobre todo a la noche. Es fundamental la flexibilidad y adaptabilidad de los padres en este momento, ya que al no haber comunicación verbal, el bebé debe ser atendido y decodificado adecuadamente. El clima sereno y distendido ayuda a que él se adapte paulatinamente a las rutinas de la casa.

1 a 3 añosLímites a los hijos

En estos años, los chicos se caracterizan por el oposicionismo, desafío, lucha por el poder, negativismo, egocentrismo, baja tolerancia a la frustración, omnipotencia. Esta es una etapa particularmente difícil respecto de los límites a los hijos, ya que, ante las frustraciones o negaciones de los padres al deseo del chico, éste suele armar un berrinche de intensidad variada, según su personalidad. Los pequeños luchan por imponer sus deseos y suelen presentarse dificultades con los padres por ese motivo.

3 a 5 años

En este momento evolutivo, los chicos tienen un especial interés por su cuerpo y aspectos vinculados a la sexualidad. La curiosidad en esa área hace que adopten conductas que el adulto rechaza. No se ha estructurado aún el pudor. Es importante enseñarles a cuidar el cuerpo, marcar los aspectos de lo íntimo y lo público, y las pautas sociales relacionadas con la sexualidad.

El ingreso en el jardín de infantes colabora en la socialización de los chicos y refuerza el aprendizaje de normas y rutinas que habían comenzado a aprender dentro del ámbito familiar. Cuando no se han puesto límites adecuados en la familia suelen aparecer dificultades de adaptación al Jardín.

6a 10 años

A esta edad, los chicos han incorporado e internalizado las normas y pautas de conducta que la familia estimuló. Es, además, cuando comprenden la causalidad lógica de los hechos y son más razonables. La escolaridad es un eje a partir del cual se organizan las rutinas de la vida del chico y sus contactos sociales. La escuela y los padres deberían mantener una coherencia acerca de lo permitido y lo prohibido.

 

Recien nacidos en adopcion

 

Pubertad

Los chicos ya presentan cambios significativos en su conducta. Es un período de gran ansiedad originada a partir de los cambios corporales, la separación marcada de sus padres y el cambio de entorno.

En el caso de los varones, aparecen características de comportamiento, como desorden, tendencia a rechazar las normas de higiene, incremento del uso de malas palabras; en las chicas, aumenta el interés por los varones en forma intensa. En este momento, los límites a los hijos deben ser manejados con una actitud de comprensión por parte de los adultos, teniendo en cuenta la etapa que los chicos están atravesando. En general, las discusiones se relacionan con la vestimenta, el orden, los horarios y salidas, las libertades y los permisos.

Mamá y papá deben estar de acuerdo en poner los límites a los hijos

Es primordial que los padres piensen juntos qué conviene limitar y qué permitir al hijo, y que exista consenso entre ambos. El aprendizaje de conductas se realiza fundamentalmente por imitación e identificación con los adultos; esto debe ser acompañado con un discurso coherente con ese comportamiento. Muchas veces, los chicos se confunden cuando el mensaje verbal no coincide con los mensajes que se transmiten a través de las acciones.

La actitud firme del adulto es percibida por el chico y favorece la aceptación del límite. Por otro lado, es importante que el adulto pueda repensar ese límite, ser flexible para ver si el chico puede realizar lo que se le pide en ese momento o se debe esperar.

Mamá y papá también deben tener una actitud positiva frente al chico, explicándole por qué se espera de él determinado comportamiento, dialogando con él, valorizando sus logros, acompañándolo dentro de un ambiente adecuado. Si el vínculo con el pequeño es bueno, se genera un terreno que facilita la admisión de los límites.

Nunca hay que agredirlos verbalmente (y menos aún físicamente). Por lo general, la agresividad que muestra un chico es un reflejo de la que recibe o visualiza en casa. Culpabilizar, enojarse desconsoladamente o exigir en exceso suele ser una manera inadecuada de estimular conductas positivas. No se impone autoridad con el castigo físico ni verbal.

 
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