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Miedo infantil

 

Cuando un chiquito de dos años despierta por primera vez al grito de «¡mamaaaaá! ¡Hay un monstruo en mi cama!», la primera reacción de sus padres suele ser de sorpresa.

¿Qué le pasa? Algo muy normal miedo infantil a esta edad: ha tenido una pesadilla, un Miedo infantilepisodio común en la infancia que suele tener fecha de vencimiento a los cinco o seis años.

Pero también es posible que ese primer mal sueño se manifieste de otra forma totalmente distinta: puede ser que el pequeño grite, se agite, se mueva...

Pero cuando los padres llegan a su habitación para calmarlo, no los reconoce. Es más, ante sus intentos por tranquilizarlo se pone aún más nervioso.

¿Y ahora qué le pasa? Al igual que en el caso anterior, se trata de un suceso de miedo infantil que ocurre alrededor del sueño.

Sin embargo, al producirse en una fase distinta y provocar reacciones diferentes, no se trata de una pesadilla común, sino de otra alteración: lo que se conoce como terror del sueño o terror nocturno.

Ambos sucesos son inofensivos y no tienen ninguna consecuencia física o psicológica. Sin embargo, la forma de actuar ante ellos es diferente.

Y saber cómo tratarlos para que vuelva a conciliar el sueño es fundamental.

Sobre todo si se desea que su cama siga siendo para él ese lugar maravilloso donde, cada vez que cierra los ojos, su mente inventa historias... pero con final feliz.

 

¿Cómo distinguir el miedo infantil las pesadillas de los terrores?

 

Las pesadillas suelen aparecer en el último tercio de la noche. De hecho, sólo ocurren en la llamada fase REM del sueño. Por el contrario, los terrores nocturnos normalmente pasan en la fase NREM, es decir, cuando el pequeño está profundamente dormido, por lo que suelen tener lugar en el primer tercio de la noche.

Por otro lado, cuando un chico tiene una pesadilla es otro tipo de miedo infantil, se calma ante la llegada de papá y mamá. Miedo infantilSeguramente se lanzará a sus brazos, los escuchará, responderá a sus peticiones... Una reacción muy distinta de la que muestra si se trata de un terror nocturno: no reacciona ante la llegada de los padres.

Aunque tenga los ojos abiertos o esté incorporado en su cama, no es consciente de la realidad. Es como una especie de sonambulismo que él no recordará. Lo mejor en este caso es no intervenir.

Es importante vigilarlo para que, si se para, no se haga daño con objetos cercanos, pero sin intentar despertarlo. De lo contrario, se excitará aún más. El terror nocturno puede durar entre cinco y quince minutos. Después, lo más probable es que siga durmiendo con normalidad.

Después de una pesadilla, necesita sentirse seguro: luego de lo que ha vivido en sueños no las tiene todas consigo: ¿quién dice que el monstruo no se esconde de verdad en el placard de su cuarto?

¿O que el antipático quiosquero no esté pensando en hacerle algo malo? El lo ha vivido como algo real, y necesita que papá y mamá le aseguren que sólo ha sido producto de su imaginación. Son sus primeras experiencias en este campo y nos indican que se está desarrollando .

 
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