El embarazo
Comportaminento
Nutrición
Parto
Regalos
Salud
Infancia
Seguridad
Comportaminento
 
los articulos más leidos
viajar con un recien nacido reflejos del recien nacido Comportaminento detener llanto primeras palabras de los niños Educacion peso recien nacido vitaminas recien nacido malcriar como hacer eructar Infancia oido del recien nacido estimulacion temprana curso prenatal temperamento infantil vista del recien nacido habitaciones recien nacido partos en casa El embarazo posiciones para amamantar alimentacion durante el embarazo Salud Seguridad preparacion al parto parto en agua medicamentos en el embarazo elegir un nombre liebessprüche Regalos sonrisas del bebe movimientos recien nacido relacion entre hermanos volver al trabajo crianza del bebe madres solteras recien nacidos en adopcion depresion postparto ajuar para el bebe alimentacion de un recien nacido formula lactea Nutrición alcohol y embarazo Parto maternidades salud durante el embarazo llanto del recien nacido vinculo afectivo cuidados del recien nacido estimulacion recien nacido tipos de partos como amamantar
 

Madres primerizas

 

El bebé, un desafío para las madres primerizas

Somnolientas, nos levantamos a darle el pecho al bebé a medianoche y justo cuando nos sentamos en el sillón, nos acordamos del almohadón para el brazo. No lo alcanzamos y para no partirnos la espalda necesitamos pedírselo a él, que duerme plácidamente.

¿Se lo pedimos o no se lo pedimos? ¿Lo trae raudo o se hace el remolón? ¿Nos lo da con un beso o se vuelve a la cama sin abrir los ojos? Haga lo que haga, lo percibiremos multiplicado por cien. Y no es para menos. Estamos en un momento hipersensible somos madres primerizas. Nada es como era y necesitamos mucho apoyo.

Probablemente, mucho más del que pedimos. Pero a él no siempre lo notamos atento a nuestras necesidades. Hay tantas cosas que «tendrían que salir de él»... y no salen.
Si ahondamos un poco más, veremos que no sólo se trata de falta de atención.

Pasadas las primeras semanas, observamos ciertos cambios alarmantes: ¿qué ha pasado entre nosotros, que ya sólo hablarnos del bebé? ¿Por qué no nos interesan las relaciones sexuales? Esperábamos al bebé con tanta felicidad...
Madres primerizas

¿Qué nos pasa como Madres primerizas ?
Por una parte estamos nosotras, tan cansadas y frágiles, «ocupadas» literalmente por una vida totalmente dependiente. Necesitamos más que nunca el apoyo protector de nuestra pareja, su fortaleza para poder relajarnos, olvidarnos del mundo exterior y centrarnos en nuestro bebé.

Por otra parte están ellos: descolocados en su papel de padres primerizos, destronados en su relación de a dos, y lo peor, sin «permiso» social para expresar su miedo. Quizá durante el embarazo estuvieron ahí, buscando su hueco. Pero aún no saben qué es lo que realmente tienen que hacer.

El posparto suele convertirse, y esto no nos lo esperábamos, en un período crítico de la vida de pareja. Nada volverá a ser como antes. Tenemos ante nosotros un desafío, la mayoría de las veces imprevisto. Al fin y al cabo, los dos temamos la misma ilusión ante la llegada de nuestro hijo. Pero a la hora de la verdad, cada uno se enfrenta a sus dificultades específicas. Es importante detectarlas, expresarlas y solicitar apoyo.

En realidad, estamos ante una oportunidad de enriquecer y fortalecer profundamente nuestra relación de pareja: estamos creando una familia y somos madres primerizas.
Acaba de nacer un bebé que depende de nosotras 24 horas al día. Y justo ahora que necesitaríamos estar totalmente en forma, nuestro cuerpo sufre la brutal crisis de su llegada. Todo es nuevo, nos desborda y se escapa de nuestras manos; tenemos la sensación de haber perdido el control de todo.

 

Madres primerizas y sus pedidos

 

Si queremos algo como madres primerizas... ¡hay que pedirlo!

Pero, ¿están ellos al tanto de lo que nos pasa, o estamos esperando a que lo deduzcan? Nuestro talón de Aquiles es precisamente que casi nunca dejamos ver lo mal que nos encontramos. Eso por una parte, y por otra que no sabemos pedir. Creemos que nuestras dificultades son obvias y que la ayuda tendría que «salir» de él. No es así. Es urgente aprender a pedir todo lo que necesitamos, porque la alternativa en la que solemos desembocar suele ser demoledora para cualquier relación: la exigencia encubierta.

«Por una vez, ¿podrías levantarte, alguna vez, no?». «No puedo creer que te hayas olvidado de los pañales». Son expresiones en las que dejamos clara nuestra postura desde la exigencia. El problema es que no son efectivas para conseguir lo que queremos. Nadie responde contento a una exigencia.

Podríamos cambiarlas por otras frases, hablando desde lo que sentimos: «¿Podrías abrir la puerta? Me harías un gran favor, me duele todo cada vez que me levanto», o «Estoy tan cansada que se me hace un mundo quedarme sin pañales... ¿Podrías comprarlos ?» (si de verdad son necesarios ahora). Y así, poco a poco, aprenderemos a comunicar lo que necesitamos.

Lo que los bloquea a los padres primerizos
Una de las cosas que más bloquea al hombre es la nueva responsabilidad familiar. Ya no se podrá permitir nunca más dejar un trabajo que no le guste, suele pensar. Las inquietudes lo acucian y, probablemente, huye sin llegar a hacerse consciente de ellas.

Se comporta entonces como un chico ahora que necesitábamos al hombre. A veces no sabe encontrar su lugar. Puede sentirse innecesario, desplazado por todos los que nos han ayudado durante el embarazo y el parto (ginecólogo, partera, amigas, padres) y por nosotras mismas. Puede pensar que para apoyarnos tiene que hacerse cargo del bebé, y cuando lo intenta se encuentra con una leona poco dispuesta a soltar a la criatura.

¿Cuál es su papel en este nuevo equilibrio de a tres? Nosotras cuidamos al bebé, y él nos cuida a nosotras. Así de sencillo es establecer el equilibrio en la nueva relación durante los primeros meses.

El bebé nos necesita para vivir, y nosotras los precisamos a ellos para superar con éxito el posparto. El bebé se alimenta literalmente de nosotras, y nosotras necesitamos a alguien que nos «alimente». Para eso, tenemos que transmitirle que es importante para nosotras.
Padres primerizos

Una vez que encuentre su lugar empezará a sentirse bien. Reconocerse como padre y soporte de la familia le dará la seguridad que necesitaba para hacerse cargo de las cosas. Pero para poder poner sobre la mesa todo lo que lo angustia y preocupa, también debe saber comunicarse.

Si sentimos que la comunicación con nuestra pareja se ha resentido, lo primero que tenemos que hacer es detenernos y preguntarnos qué está pasando, empezando por nosotras: el reproche al otro nunca resuelve nada.

¿Cuáles son las necesidades que no expresamos? En segundo lugar, debemos escuchar al otro: ¿cuáles son los miedos que se esconden detrás de su parálisis? Y preguntárselo:

«¿Qué te pasa, qué te asusta, qué te angustia, qué te preocupa?». En tercer lugar, hay que vigilar siempre el lugar desde el que nos comunicamos. Si lo hacemos desde la exigencia, apostamos por el alejamiento.

Compartir nuestras preocupaciones de madres primerizas y lo que hemos vivido puede ser un buen punto para restablecer la comunicación. A lo mejor, para nosotras el parto fue terrible, o maravilloso, y para él, frustrante porque no pudo entrar, pasó mucho miedo por nosotras, se sintió excluido... Y ahí empezó la distancia entre los dos. Además, ¿cuáles son nuestras preocupaciones respecto de nuestro hijo? A lo mejor, es que no come bien, y él sufre pensando que no va a ser un buen padre.

 
Copyright © Todos los derechos reservados - Recien Nacidos 2008