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Cuidados del recien nacido

 

La vinculación afectiva y los cuidados del recien nacido es el término que se utiliza para definir la estrecha relación física y emocional que se desarrolla entre tú y tu bebé en el momento del nacimiento. Es, en verdad, una prolongación del vínculo que comenzaste a crear con tu bebé durante el embarazo, reforzado por tu conciencia constante de la vida que llevabas en tu interior.

Cuidados del recien nacido

Los cambios físicos y químicos que se producían en tu cuerpo te hacían recordar la presencia de ese ser. Luego del parto, los cuidados del recien nacido no terminan por el solo hecho de que tu bebé ya no forma parte de tu cuerpo. El nacimiento consolida esa relación y la vuelve más real. Ahora puedes ver, palpar y hablarle a esa personita a la que sólo conocías por "el bulto", sus movimientos y el latido que escuchaste por medio del instrumental médico.

La vinculación afectiva y los cuidados del recien nacido te permiten trans¬mutar el amor generador de vida que sentiste por el bebé en tu interior, en el amor protector que sientes por él una vez que está en el exterior. Adentro, le diste tu sangre; afuera, le das tu leche, tus ojos, tus manos, tu voz: todo tu ser. A menos que haya una complicación médica que lo impida, esa continuidad no debería verse interrumpida por rutinas triviales, ni atenua¬da por medicaciones depresivas.

¿Cómo los afecta esta vinculación temprana a ti y a tu bebé?
La ciencia médica intenta probar constantemente lo que las madres siempre han sabido en forma intuitiva los cuidados del recien nacido: algo bueno les ocurre a las madres y a los bebés cuando se vinculan afectivamente el uno con el otro en el nacimiento. Gran parte de las investigaciones sobre la vinculación afectiva y los cuidados del recien nacido madre-hijo fueron popularizadas por los Dres. Klaus y Kennel en su libro Parent-Infant Bonding, en el que compararon dos grupos de estilos de crianza.

El grupo de contacto temprano se vinculó con sus bebés inmediatamente después del nacimiento y el grupo de contacto tardío fue separado temporariamente de sus bebés después del parto. Descubrieron que las aptitudes maternales posteriores se desarrollaron en mayor medida en el grupo de contacto temprano: estas madres tenían más éxito en el amamantamiento, hablaban más con sus hijos recurriendo en mayor medida al lenguaje descriptivo, pasaban más tiempo en la posición cara a cara que permite el contacto de ojo a ojo, tocaban y aseaban más a sus hijos.

 

La vinculación inmediata y los cuidados del recien nacido

 

Los investigadores llegaron a la conclusión de que después del parto hay un período sensible, que dura alrededor de una hora, en el que el bebé tiene una mayor receptividad con respecto a quien se ocupa de él. Las madres que se vincularon con sus hijos durante ese período se sintieron más seguras al ejercitar su maternidad intuitiva, mientras que las que fueron separadas de sus hijos durante ese período no se sintieron tan seguras. Los investigadores descubrieron también que cuando el padre estaba presente durante el alumbramiento y se vinculaba con su hijo en ese período, luego continuaban en una mejor relación y se sentían más cerca de él y de los cuidados del recien nacido.

¿Qué ocurre con el recién nacido al que por alguna razón (por ej., por ser prematuro o haber nacido por cesárea) se lo separa de la madre? ¿Qué ocurre en el caso de la adopción? ¿Se resiente la relación padre-hijo en forma permanente por la pérdida de contacto temprano, o puede uno compensar lo que el bebé perdió?
Estudios recientes han cuestionado la conclusión de que el vínculo establecido en la primera hora posterior al nacimiento tenga algún efecto duradero tanto en los padres o madres como en el hijo. Este es un aspecto importante: los progenitores que no logran vincularse con su bebé inmediatamente después del nacimiento no deberían sentirse culpables por temor a que su bebé haya sufrido una pérdida permanente.

La vinculación inmediata y los cuidados del recien nacido luego del parto no es como un pegamento instantáneo que consolida la relación progenitor-hijo para siempre. A lo largo de la infancia y la niñez, puede haberse muchas cosas para lograr una fuerte relación progenitor-hijo. Aunque no existen razones científicas para afirmar que el hecho de verse privados de este vínculo inicial puede afectar en forma permanente tanto a los padres como al hijo, creo que la vinculación durante este período de sensibilidad biológica favorece la relación progenitor-hijo en su totalidad.

Tengo la impresión de que tan pronto como las madres y sus hijos se reencuentran, una fuerte vinculación madre-hijo puede compensar la pérdida de esa temprana oportunidad. He visto padres adoptivos que, al ponerse en contacto por primera vez con su recién nacido de una semana de vida, experimentan sentimientos tan profundos y afectuosos como los de los padres biológicos en la sala de parto.

Si una madre no puede sostener a su bebé inmediatamente después del parto debido a complicaciones médicas, creo que se debería invitar al padre a que tenga al bebé en brazos en la sala de parto y en la nurserí para recién nacidos. Los estudios han demostrado que los padres de bebés que nacieron por cesárea y que pudieron tenerlos en brazos minutos después del nacimiento se involucraron mucho más en los cuidados del recien nacido durante los seis meses posteriores (especialmente con respecto a calmarlo) que aquellos padres que saludaron a sus hijos varias horas después del nacimiento.

 
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