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Cómo evitar intoxicaciones cuando comemos comida callejera
Por apuro, ¿quién no se come un "pancho" (hot-dog) o un sandwich por la calle en horas de trabajo? Es una costumbre muy común que si se realiza en un local que no está en las condiciones adecuadas de higiene y habilitación puede tener consecuencias muy graves.
La salud de la población se pone en riesgo cuando se adquiere comida callejera en la vía pública si el vendedor no cumple con las ordenanzas municipales, no tiene la autorización correspondiente o el puesto presenta malas condiciones de higiene. En estos casos podemos exponernos fácilmente a grandes riesgos que hacen peligrar la salud.
Comida callejera contaminada
Es el que contiene agentes vivos (bacterias, virus, parásitos) o sustancias químicas (plaguicidas, hormonas, metales pesados) peligrosos para la salud de los consumidores. Por ejemplo: salmonella en mayonesa casera, triquinella en carne de cerdo mal cocida y el bacilo del botulismo en los fiambres.
Comida callejera adulterada
Es aquel al que intencionalmente se le han quitado o agregado componentes normales reemplazándolos con otros, con el fin de disminuir las deficiencias de fabricación o realizar un fraude económico. Por ejemplo: sulfito de sodio en los chorizos frescos; grasa no láctea en el dulce de leche o aditivos prohibidos en jugos o gaseosas.
Comida callejera alterada
Es el que por causas de índole física, química o biológica ha sufrido deterioro de sus características organolépticas (olor, color, textura, sabor, etc.). Por ejemplo: putrefacción de carne cruda o rancidez de un aceite.
ALIMENTO FALSIFICADO
Es el que tiene características y apariencias de un alimento legítimo sin serlo. Por ejemplo: margarina por manteca, paleta cocida por jamón cocido.
Todas estas deficiencias pueden presentarse en la comida callejera que consumimos cotidianamente, pero mucho más en aquellos que no están certificados, ni habilitados para la venta y se ofrecen en la vía pública. Entre los más comunes encontramos a los chorizos, panchos, sandwiches, empanadas, cubanitos, bombón helado, salamín, queso, alfajores, chocolate, barritas, licuados, frutas, verduras, panes, helados, golosinas, café, facturas, tortas, especias, ajo, chupetines, etc.
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Seguramente mucha gente piensa: "qué baratas son las verduras de tal verdulería".
En estos casos conviene hacerse algunas preguntas como las siguientes:
• ¿Qué certeza tenemos de que la fruta o la verdura no haya sido regada con agua no potable?
• ¿De dónde provienen los cubanitos?
• ¿De dónde saca el agua el vendedor para hacer los panchos?
¿Qué medidas de higiene utiliza?
¿Cómo se mantiene la cadena de frío para conservar helados, licuados, chorizos sin cocinar, si el vendedor no dispone de una heladera?
¿Qué hace con los alimentos que no se consumen ese día?
¿Alguien lo obligó a realizar algún curso de higiene antes de dedicarse a vender alimentos?
El problema es que, con el tiempo, todo esto provoca enfermedades que habitualmente no se cuantifican a nivel poblacional. Pasan desapercibidas en el consultorio del médico y así afectan a una gran parte de la gente (sobre todo a embarazadas, niños y ancianos).
Por lo general, se cree que estos problemas sólo pueden derivar en vómitos y diarreas; sin embargo, las consecuencia pueden ser mucho más graves. Por ejemplo, si la persona come un chorizo o carne un poco cruda con Escherichia Coli y padece el síndrome urémico hemolítico puede llegar a la sufrir hasta la pérdida de un riñon.
Ejemplos de contaminación de la comida callejera
¿Dónde radica el riesgo de consumo de aquellos alimentos cuya venta está permitida por el gobierno como garrapiñadas, gaseosas, golosinas, azúcar hilada, manzana acaramelada, etc.?
El problema es que aunque su expendio esté permitido esto no implica que se hayan elaborado bajo las normas de higiene adecuadas y que los vendedores sepan cómo deben manipularlos.
La venta de estos alimentos está permitida por no ser perecederos y menos vulnerables a la contaminarse por bacterias; aunque en este sentido el riesgo es menor, persisten otros riesgos tales como la contaminación.
• Por ejemplo, la garrapiñada al cocinarse a alta temperatura mata la mayoría de las bacterias, pero ¿qué agua se utiliza?, ¿cómo limpian la sartén?
• Con respecto al azúcar hilada no hay tanto riesgo, ya que la temperatura para elaborarlo es demasiado alta; no obstante, debemos observar que en el lugar no proliferen las moscas.
• Con los barquillos nos surge la duda: ¿de dónde provienen? Y ¿estará limpio ese contenedor?
El ejemplo más grave son los helados, ya que es muy difícil notar si se les ha cortado la cadena de frío y fueron re congelados. Una manera de protegerse es evitar comprar todo aquel que esté un poco derretido o parezca cristalizado. En estos casos, lo ideal, es ir a lo seguro y comprar el producto en una heladería conocida.
• Hay que evitar comprar golosinas en la vía pública (chocolate, alfajores, etc.) ya que pueden deteriorarse fácilmente, sobre todo en verano.
• Las gaseosas deben ser vendidas en su envase original (fíjese en la fecha de vencimiento). |