La glucemia o azúcar en sangre se mantiene en el organismo en situación normal, dentro de unos límites bastante estrechos, que oscilan entre 60 y 100 mg/dl.
Nunca sobrepasan los 140 mg/dl, ni aun después de comidas ricas en hidratos de carbono o azúcares, y la glucosa vuelve al nivel inicial al cabo de dos horas de la ingesta.
Continuamente la glucosa tiende a descender debido al consumo de la misma por los tejidos, situación que parece aumentarse en condiciones especiales como el ayuno, el ejercicio físico intenso o prolongado, el frío y, en general, en aquellos momentos en los que el organismo requiere un mayor aporte de energía. Este fenómeno está mediado por una hormona que es la INSULINA. Por tanto, cuando exista una falta absoluta o relativa de la misma, la glucosa no podrá ser utilizada y gastada por el organismo, elevándose en sangre, situación que se conoce como LA DIABETES MELLITUS.
Puede darse por diversas circunstancias la situación contraría, es decir, aquella en la cual la glucosa es consumida en exceso por el organismo descendiendo sus niveles por debajo de los mínimos tolerables (entre 60 y 40 mg/dl). Hablaríamos entonces de HIPOGLUCEMIA. |