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Las vasculitis, como indica su nombre, constituyen un grupo de enfermedades producidas por la inflamación (itis) de los vasos sanguíneos. Los vasos sanguíneos incluyen las arterias, que son los conductos que llevan la sangre desde el corazón a todos los sitios del cuerpo, los capilares, que son los conductos más pequeños (como cabellos) y las venas, que son los conductos que llevan la sangre al corazón.
Qué es lo que produce esta inflamación es un misterio que sólo en parte está desvelado. Conocemos algunas causas que producen algunas vasculitis, como los estreptococos, que producen la fiebre reumática, la luz solar, que desencadena el lupus, el virus de la hepatitis, que produce la poliarteritis nodosa, el cáncer, que produce la dermatomiositis, algunos medicamentos, substancias químicas y proteínas extrañas, que producen las vasculitis de ciclo corto, y los hongos y otras substancias más difíciles de eliminar, que forman las vasculitis granulomatosas, porque al menos rodean y aislan a los antígenos.
Pero esto es sólo verdad hasta cierto punto. Por ejemplo, no todos los que se infectan la garganta con estreptococos padecen fiebre reumática; no todos los que toman baños de sol padecen lupus; no todos los que padecen hepatitis tienen poliarteritis nodosa; no todos los que padecen cáncer sufren de dermatomiositis; no todos los que consumen medicamentos padecen las vasculitis cíclicas, ni todos los que padecen una infección debida a hongos son enfermos de vasculitis granulomatosa, llamada así porque no pudiendo las defensas digerir al antígeno lo bloquean, formando una cascara a su alrededor, que es un nodulo llamado granuloma.
Parece ser que hay otras causas que son importantes en la presentación de las vasculitis y entre las que pueda haber, ya se han encontrado dos que son: una predisposición hereditaria, que es muy bien conocida en algunos enfermos porque se puede comprobar, y la otra es un sistema inmunitario, que es defectuoso y forma defensas que no son sólo inútiles para eliminar a los agentes extraños, sino agresivas para el propio organismo. Por esto, algunas de estas enfermedades se llaman por «autoagresión».
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Cómo se produce esta inflamación y posteriormente la vasculitis ha sido un misterio hasta hace poco. Pero ahora ya se sabe que si una toxina o veneno («antígeno») penetra en el organismo, estimula la formación de las defensas («anticuerpos»). Los anticuerpos se pegan o adhieren a los antígenos para quitarles virulencia y forman unos conjuntos llamados «complejos».
Estos complejos se comportan como cuerpos extraños para ser eliminados. Por eso se han acercado a la pared de los vasos con objeto de atravesarlos y salir de allí, pero como no todos los complejos pueden pasar, los que se quedan atascados atraen a una substancia que hay en la sangre llamada «complemento», que es como la señal de alarma que llama a unos glóbulos blancos llamados «fagocitos», porque tienen la misión de comérselos, digerirlos y hacerlos desaparecer. Este proceso es el que produce la inflamación de la pared del conducto sanguíneo.
Con referencia a las lesiones que las vasculitis producen, basta saber que todas son inflamatorias, aunque son enfermedades distintas. También se ve que las lesiones son diferentes. Unas alteran las arterías grandes, otras las medianas, otras las pequeñas; unas veces están lesionados los capilares, otras no, así como las venas. Las lesiones no tienen siempre la misma apariencia.
Ni la misma evolución. Unos son de ciclo corto; otras de ciclo largo, y los órganos que enferman son también distintos en cada una de ellas. Los síntomas que producen no sólo son distintos en unas u otras vasculitis, sino que varían también en los enfermos que padecen la misma enfermedad. |