Se admite hoy en día que el insomnio constituye un grave problema psicofisiológico que atenaza a millones de personas en todo el mundo. La gente quiere dormir, pero no puede o lo consigue realmente muy mal y por eso se desespera hasta el punto de suicidarse o de drogarse.
El insomnio es uno de los síntomas más frecuentes en el mundo occidental; probablemente es la factura que la gente tiene que pagar en relación con el progreso y con la civilización.
Se estima que cerca del 20 por ciento de los pacientes que acuden al médico presentan este trastorno o lo han presentado.
En general, el trastorno parece ser más frecuente en los ancianos, en las mujeres y en los estamentos de bajo nivel socioeconómico, si bien tal perturbación puede afectar en principio al individuo en cualquier momento de su desarrollo psicofísico y de cualquier nivel social; el insomnio puede apresar en principio a cualquier persona, llegando a producir severos desequilibrios psicológicos y de la personalidad y comprometiendo la " «homeóstasis» de la persona en cuestión.
Según algunos datos relativamente recientes, en nuestro país un 70 por ciento de la población adulta padece o ha padecido de insomnio. Aproximadamente un tercio de este conjunto de población sufre un insomnio crónico que puede durar meses o incluso años. Parece ser que la mayoría de las veces el insomnio constituye el reflejo de un trastorno psícopatológico severo, como es el caso de la depresión. La edad, el sexo, las condiciones socioeconómicas, los ruidos y el stress son algunos de los factores fundamentales que pueden desencadenar el insomnio.
Algunos países como Estados Unidos, más específicamente el Servicio de Salud Pública, ha advertido a los insomnes del riesgo que supone el empleo abusivo de hipnóticos y ha iniciado un programa trienal para instruir a los médicos y pacientes respecto a los trastornos del sueño y su tratamiento. Algunos de los científicos más representantes de este «Proyecto del Sueño» estiman que el insomnio es un síntoma y no una enfermedad y que lleva con frecuencia a la depresión y que el mejor tratamiento no son siempre los hipnóticos, sino otros fármacos de acción más directamente etiológica o la psicoterapia.
No obstante, cualquier «Proyecto de Sueño» habrá de tener muy en cuenta la posibilidad de intervención en las actitudes de la población afectada, así como los diversos problemas de la sociedad industrializada: stress, ruidos, contaminación, hacinamiento, mala insonorización de las habitaciones, nocturnidad, etc.
Especial interés tienen las relaciones que se establecen entre el ruido y el sueño, por cuanto las encuestas muestran que la alteración del sueño es considerada, por lo general, como un importante efecto perjudicial del ruido; éste puede dificultar el comienzo del sueño, alterar sus características normales o despertar al que duerme provocando insomnio.
De acuerdo con los estudios practicados, el sueño de los niños y de los jóvenes resulta menos afectado por el ruido que el de las personas de edad madura; no obstante, los niños de cuatro a seis años de edad parecen sufrir particularmente del despertar brusco cuando se hallan en la fase IV o de sueño profundo, caracterizada por la presencia de ondas delta en el 50 por ciento aproximadamente del período de registro. |